Los Cinco Pilares

bismillah
En el Nombre de Allâh, la Realidad tiernamente Misericordiosa, Infinitamente Compasiva

Shêija Fáriha Fátima al Yerráhi

Tengo que empezar diciendo que no me siento capaz de describir o presentar la sharíah. Es algo que está más allá, no puede ser reducido a conceptos. [La sharíah] se le ha otorgado a la humanidad como un don desde el inicio, de manera que cada uno de nosotros personifica, encarna o puede entender sólo algunos de sus aspectos. Pero, esencialmente, [la sharíah] es el camino de regreso .

Hay una tradición mística mencionada en el sagrado Qur’án que se refiere a la pre-eternidad —antes de la Creación y a la manifestación de todos los reinos—, cuando Al-Lâh, Lo Altísimo, se dirige a todas las almas. “Almas” quizá no es la mejor palabra, pero al decirla me refiero a la primera forma de la Creación, a la primera forma creada. Al-Lâh se dirige a ellas diciendo: “¿No Soy tu Señor?” (Alastu bi Rabbikum).  Y todas las almas dicen, afirman: “Sí”,  todas ellas, sin excepción, dicen, “sí” a Al-Lâh. Y en esta alianza primordial está contenida la relación completa entre el Señor y el alma humana. De ese modo, cada cosa que fluye del alma forma parte del contenido de la relación. Es decir, el alma no sólo está en un lugar de añoranza, que de por sí es un lugar bueno y seguro para sentir que simplemente somos siervos. Está también en una posición de servicio porque ha sido manifestada, por haber llegado a ser parte de la Creación, por ser un espejo. Somos, pues, como buques que contienen atributos divinos, y por ello, servimos.

Algunos poetas sufíes han expresado que somos el espejo del Amado, es decir, que la Esencia divina se ve a Sí Misma reflejada en el ser humano; se mira, se conoce, se ama a Sí Misma en la forma humana. Somos una encarnación completa de la Creación. El ser humano es un espejo perfecto del Amado absoluto. Es la corona de la creación. Este [reconocimiento] es el inicio del camino de retorno.

Así como existe un camino para emerger como manifestación, hay uno para regresar. Así como hay un camino para que la Esencia se manifieste, existe el retorno desde la manifestación a la Esencia. Podríamos decir que la gran sharíah es la Creación: la manifestación desde la nada, y luego, el regreso de todo ello a la Fuente. Podríamos decir que la sharíah es esa totalidad. Sin el vínculo no habría regreso, simplemente estaríamos ahí, manifestados, tal como los cuerpos de luz que los científicos ven y detectan cada vez más y más lejos en todo el universo. Ellos incluso especulan que en algún lugar debe existir un enorme punto de regreso, de colapso de la creación del universo… Es interesante que también la ciencia reflexione acerca de este tipo de principios básicos de la vida espiritual. Pero [en realidad] nada puede conocer la verdad excepto la Verdad misma…

La sharíah es el vínculo de amor, el movimiento del amor, el movimiento puro del amor hacia fuera y su retorno. Por eso se dice que La ilaja ilaLâh es el primero de los cinco pilares de la sharíah. Esto es algo que es fácilmente olvidado. Frecuentemente en las consideraciones que se hacen en el mundo islámico acerca de la sharíah se asume que La ilaja ilaLâh es la afirmación de que Dios existe y, sin más, pasan de inmediato al segundo, tercero, cuarto y quinto pilar. Por el contrario, los maestros místicos, se detienen en el primero porque el primero es siempre el más importante, y el primero es: La ilaja ilaLâh, Mohámmad ar-Rasul al’Láh. Es el fundamento de la sharíah, pero no sólo como algo dado con lo cual vivimos —como por ejemplo el principio científico de la gravedad. Al reconocerlo como el principio, entendamos lo que significa, encarnémoslo completamente,  y esa será la plenitud de la sharíah.

También hay una evolución en nuestro retorno. Místicamente podríamos decir que estamos regresando momento a momento, respiración tras respiración. Nunca cesamos ni en la manifestación ni en el retorno. A cada momento de retorno y manifestación en el vocabulario sufí se llama waqt, el instante, la más pequeña medida de tiempo en la Creación. Eso es el waqt. Por ello los místicos dicen que el sufí es el hijo del waqt, del momento, porque a cada instante somos renovados por la Fuente.

Pero en un sentido general, en términos de nuestra vida, hay una progresión, nacemos  como nubes tintineantes de gloria, como dijo ese gran poeta romántico inglés. Luego, poco a poco, la gloria se empaña y olvidamos. Olvidamos de dónde venimos y comenzamos a cuestionar —aunque no todos los seres humanos olvidan, pero la gran mayoría sí. […] Más tarde, a partir de cierto momento, a cualquier edad, existe un punto de retorno en el cual Al-Lâh realmente nos llama de regreso. Ese punto de retorno descorre los velos del corazón. Puede surgir a través de dificultades o tragedias, y para algunos en una forma más fácil y natural. Algunos incluso crecerán en familias religiosas, se formarán en la religión, y sin embargo, no se darán cuenta de lo que realmente significa.

Hay muchas posibilidades pero en general primero olvidamos y luego viene el retorno. Y ese retorno depende de cada individuo. Para algunos puede ocurrir como una repentina iluminación, o puede presentarse al tan sólo darse cuenta de que no tienen poder alguno. Éste es el camino del retorno que les es dado a los adictos o alcohólicos. Son caminos verdaderos, revelados como caminos de retorno para quien no tiene otro camino, ni forma. Siempre hay algún camino posible. Al-Lâh en su gran Misericordia siempre nos da algún camino  como un verdadero camino de guía. Pero el punto de inicio es reconocer: “no tengo poder y existe Lo Todo Poderoso”.  Éste es el Señor, es Dios, y es Bueno. Y es aquí donde las religiones empiezan a discrepar en cómo entienden a ese Uno, pero en general, se entiende que Lo Uno es Misericordioso y es Amor, y ese Uno es Bueno.

Podemos decir que en la evolución de nuestra vida el inicio de la sharíah es darnos cuenta de que toda vida viene de Lo Uno, y que dependemos absolutamente de ese Uno, y que en verdad no podemos hacer nada sin ese Uno. Ahora, según sea ese momento de realización pura de nuestra dependencia absoluta del Amado, del Uno que todo lo abarca, será el tipo de vida que vivamos, porque incluso eso podemos olvidar. Algunas experiencias cruciales del despertar pueden volverse confusas o palidecer con el paso del tiempo, pero básicamente, éste es el despertar del alma dentro de la Creación que pertenece a Dios, o al Ser Todo Poderoso. Esto es realmente la sharíah: La ilaja ilaLâh; Mohámmad ar-Rasulaláh.

En la Creación hay un lugar para el ser humano y puede decirse que todo está incluido ahí, pero nuevamente, dependiendo de la fuerza de esa revelación en nuestro propio corazón se evidenciará en qué nivel estamos. Es muy poderoso. Y no todo el camino puede ser revelado de una sola vez. Podríamos decir que eso le ocurrió a los Profetas cuando recibieron la revelación por primera vez. Cuando el profeta Mohámmad (que la paz este con él) estaba en la cueva y el Arcángel Gabriel vino a él, lo abrazó y le dijo: “¡Proclama!” “Iqra”, él lo recibió todo. Su corazón se expandió al máximo, y todos los límites y conceptos que podía haber tenido en aquel tiempo se disolvieron en el abrazo, en esa iluminación, en esa transmisión divina. Pero generalmente para la mayoría de nosotros es algo gradual.

Y aún así, lo que ocurre hoy día con la propagación del camino místico es más parecido a lo que pasaba en aquellos tiempos. Es más parecido a ese tipo de revelación. En este primer abrazo recibimos el camino místico. Toda la sharíah se posiciona en el camino místico, y no a la inversa, porque es como en realidad ocurre. El corazón abierto recibe toda la misericordia, el amor y la luz divina, todos esos niveles, pero aún nos queda hacer el viaje a través de nuestra propia vida. Toda nuestra vida está en nosotros, y no sólo  nuestra vida, sino además la vida de nuestros ancestros. Todas están encarnadas en este contenedor, y tomamos esa luz y hacemos el viaje con ella a través de todos los paisajes de nuestro propio yo, y esa luz nos ayuda a ver todos esos paisajes.

Nuestro camino espiritual es eso: la luz de Al-Lâh brillando en los paisajes de la experiencia humana. Algunas veces es fácil, gozoso, maravilloso, y otras veces puede ser muy difícil y doloroso… derramamos lágrimas y sentimos dureza en el corazón. Habrá momentos en que pensemos que todo está velado. Habrá también tiempos en que nos sintamos perdidos. A todo esto es a lo que llamamos Taríqa. La taríqa es, en sí, el viaje en el tiempo, la experiencia única y personal, la revelación de la luz dentro de nuestro corazón. En cierta forma, es muy diferente a lo que normalmente consideramos como la relación entre la sharíah y la taríqa.  Pero sigue siendo La ilája ilaLâh, que es el principio básico de todos los niveles que nunca cesa.

Viajamos a través de estos paisajes en una comunidad mística, con un guía ayudándonos, para poder afrontar eso que sólo los seres humanos tienen el poder de afrontar: ser tanto lo perecedero, como lo no perecedero. Ser, al mismo tiempo, lo más bajo de lo más bajo y lo más exaltado. Ésta es la paradoja humana. Y el guía no es sólo esa persona en sí misma, el guía es el empoderamiento proveniente de todos los sheijs y pilares de ese linaje. Todos esos guías nos ayudan en este propósito.

Realmente la taríqa es esa travesía. Y la sharíah, con el conjunto de los otros cuatro principios, es lo que nos ayuda en el viaje y le sirve de soporte. Pero sólo si no es impuesta. Particularmente en el Occidente tenemos una especie de alergia, nuestro sistema inmunológico no podría tolerar la coerción, es una cosa muy interesante, pareciera ser parte de nuestro ADN. Ésa es la parte luminosa del asunto, pero la sombra es que estamos sumamente condicionados por nuestro yo limitado  y tenemos que darnos cuenta de dónde en realidad proviene la coerción. La tiranía está dentro de nosotros.

Entonces la Sharía es La ilaja ilAl-Lâh; Mujámmed ar-Rasulaláh, es la verdad absoluta, la verdad viviente: Dios es Lo único que existe, La Única Realidad y la Humanidad es el contenedor de esa manifestación. Y esto no es algo que podamos practicar. No podemos practicar la verdad, la verdad es algo que simplemente es. Sin embargo, podemos poner en nuestras lenguas estas bellas palabras de verdad, y dejar que el sonido de la verdad resuene a través de nosotros y nos clarifique de manera que nuestro ser resuene en ese nivel de La ilaja ilAl-Lâh.  De manera que no existan dos coros con distintos tonos sino un sonido primoroso. Cuando todo nuestro ser está completamente abierto y lleno de la existencia divina, el escuchar, el mirar y el vivir es simplemente la respiración de Lo Uno.

En realidad la sharíah y la taríqa no pueden separarse, y a pesar de ello han sido separadas. Si se las separa, entonces es mejor estar del lado de La ilaja ilal-Lâh en vez que del otro lado, en el cual a pesar de que se hacen ciertas cosas, se practica la religión, los corazones no están abiertos. Eso no es espiritualmente válido. Realmente la sharíah y la taríqa son una y se nutren la una a la otra. La medida en que practiquemos los otros pilares que han sido llamados los soportes de nuestros corazones, dependerá realmente de nosotros a nivel individual, y podemos usar los que nos ayudan y son simplemente algo que se nos ofrece.

Lo que sabemos es que si no ofrecemos el dhikr, la remembranza, nuestro corazón se duerme una y otra vez. Por ello el dhikr es la luz, para no quedarnos dormidos, y una vez que lo probamos sólo queremos estar en la luz. La remembranza es esencial en nuestro camino. El dhikr es absolutamente esencial.

El Salat: el segundo pilar

El salat, el segundo pilar, es magnífico, magnificente, pero realmente toma tiempo, viene con la madurez. Algunos puede que nunca lleguen a desarrollar completamente el gusto y otros parecen unirse inmediatamente y encontrar una gran fuente, una gran fuente para crecer, una gran fuente para llegar al éxtasis. Es realmente una forma muy madura de expresión espiritual. También puede decirse que el salat, la postración, está al inicio de la revelación. Hacer la postración es algo natural. Inclinarse es una forma que nos es natural para adorar, para dar gracias, para expresar espontáneamente la humildad y la gratitud por lo que se nos da. No existe una mejor forma de expresar eso que poner nuestras manos en el suelo, y no existe mejor forma que hacerlo que postrándonos y reverenciando y extinguiéndonos a nosotros mismos. En verdad en el salat nos manifestarnos y nuevamente desaparecemos. En la postración desaparecemos cuando tenemos la frente en el suelo. Y luego, al levantarnos, es una especie de resurrección, como la primera creación. Recitamos el sagrado Qur’án —la palabra revelada, palabras de poder— que es el poder de la manifestación en sí mismo, y es por ello que los recitamos cuando estamos de pie, en la figura del Alif, la primera letra del alfabeto árabe, la primera letra del Poder del Creador, y luego, nuevamente viene la reverencia y luego, la desaparición.

El salat es una forma magnífica, poderosa. Algunas veces la resistimos, pero diré que es un ingrediente clave en la tradición islámica. Sin embargo, sin el tasbi, sin un corazón ardiendo, no es lo mismo, y esto lo quiero dejar muy claro. Y esto solo lo digo sobre la base de las enseñanzas sagradas, el jadiz nos dice que cuando Al-Lâh lo Altísimo se dirige al alma y le pregunta: “¿Qué has estado haciendo?” y el alma responde: “Recité el Qur’án” y podemos extenderlo diciendo “ofrecí el salat”.  Entonces Al-Lâh le responde a esa alma: “No, estás mintiendo.” Ésta es una enseñanza muy poderosa. Es una gran misericordia que la tengamos. Es un jadiz  que aborda la hipocresía en nuestro ser. Al-Lâh llama y pregunta al alma: “¿qué es lo que has hecho en tu vida?” —a la luz de la parábola de Jesús en la cual el amo dio una moneda a cada uno de sus sirvientes y uno de ellos la hizo crecer y florecer y otro la guardó y no hizo nada,— y el alma responde: “Recité el Qur’án, propagué tu palabra, hice esto y aquello de bueno”, y Al-Lâh responde: “Mientes, no lo has hecho por Mí; lo has hecho para congraciarte con la gente, para que otros digan que eres un buen musulmán, que eres virtuoso”. Cuando Al-Lâh dice “Mientes”, todos los ángeles repiten después de Al-Lâh: “Mientes”. Éste es un coro divino hermoso pero ¡es aterrador! Es como una cirugía pura si nos detenemos en esta enseñanza; porque la enseñanza se nos da en verdad para que no lleguemos a experimentar esto, para no llegar a darnos cuenta eventualmente del horror de haber vivido nuestra vida en la mentira. ¡Qué terrible! Y esto es la religión convencional. La religión convencional tiende a apoyar la hipocresía en el hecho de que todos tienen que aparentar ser buenos, todos deben aparentar que son perfectos, y podemos llegar a vivir eso mismo también en la taríqa. Podemos tener los mismos convencionalismos y la misma hipocresía aunque pensemos que somos derviches y que actuamos como derviches. Cualquier cosa que nos haga sentirnos orgullosos y nos lleve a pensar que poseemos algo ante nuestro Señor es erróneo, porque no hay nada propio en lo que podamos sostenernos. No hay suelo en el cual podamos erguirnos por nosotros mismos, sólo la Misericordia de Al-Lâh y Su perdón son la única verdad.

Por ello cualquier cosa que hagamos de bien, dejémosla pasar, no tenemos crédito en el banco, no importa cuántos Ramadanes hayamos hecho, no importa cuantos salat, ni oraciones, ni recitaciones del Qur’án, ni caridad. Cualquier cosa de esa índole que podamos imaginar no nos va a proteger. Sólo el corazón, sólo el estado del corazón, como Al-Lâh dice: “Yo sólo Me fijo en el corazón.” Buscamos lo que sea que nos ayude a que nuestro corazón se ilumine. Todo aquello que trae luz a nuestros corazones, porque eso es lo único que Al-Lâh ve.

La taríqa no es alejarse del gran camino que se le dio a nuestro Profeta (que la paz este con él) en forma seminal en la cueva, en el primer abrazo. Es más bien para vivirlo completa y honestamente, al grado que uno pueda. El Profeta dijo “mi sunna”, y al decir “mi sunna”, se refiere al camino como un océano vasto que abarca toda la Sharíah, la Taríqa, la Haqiqa… todo está ahí. Toma lo que puedas, según sea fácil para ti, porque sólo lo que es fácil para nosotros será la medicina correcta para nosotros. Cualquier otra cosa nos volverá amargados y hará rancia la leche. La leche es el conocimiento natural innato en nuestro corazón, si nos oprimimos a nosotros mismos ya sea por nuestros nafs o por un súper ego o por cualquier otra cosa, haremos rancia la leche y perderemos su forma natural. El camino es volvernos conscientes, volvernos La ilája il Al-Lâh; Mohámmad ar-Rasulaláh. Éste es nuestro camino y éste es el camino de la sharíah en su forma natural.

La gran ley que es la sharíah ayuda a mantener a la sociedad humana en un estado de moral. No matamos ni hacemos daño a la gente, no robamos. Todo esto fue originalmente revelación divina y ahora se ha convertido en ley civil. De alguna manera, en las tradiciones religiosas se entiende que se trata de una ley revelada. Es decir, las grandes leyes pueden preservar la vida humana en la tierra y permiten que la vida del ser humano florezca. Ahí hay un nivel más profundo al que le siguen niveles más y más profundos. Aquellos que añoran y arden por Dios, por la Verdad, por supuesto que han de ir más allá de la ley, irán hacia el Espíritu. Y van guiados por el Espíritu. No por las leyes, sino por el amor. Ellos viven su vida por el amor divino, por ese amor.

Dar: el tercer pilar

Y el tercer pilar es el dar, la caridad. Esto incluso en algunos sentidos es más importante que el segundo, más importante que el salat, si realmente somos generosos. No generosos para que nos vean, sino desarrollar y cultivar la generosidad, generosidad del alma y de la mente. La generosidad de la mente significa que no pensamos mal de otros ni de nosotros mismos. La generosidad del alma y del espíritu significa que nosotros vemos que nuestro Señor es Lo más Misericordioso entre los misericordiosos. Eso es mucho más importante que cualquier obligación ritual de oración. Sin embargo, es muy interesante saber que la oración, el dhikr, sustenta el estado generoso del corazón, porque si no estamos conectados con la Verdad, si la conexión no se nos revela, entonces no podemos ser generosos, nos vamos a tensar, vamos a ser temerosos, vamos a detenernos y a ver que las cosas eventualmente se vuelven más y más  oscuras.

Todo el camino sagrado es un tapiz, no hay algo que podamos extraer de él, y sin embargo, cuando lo vivimos sentimos naturalmente que estamos quedándonos cortos aquí y allá y eso es bueno. Siempre siento que estoy quedándome corta y ¿saben?, es horrible. Siento que me quedo corta y luego lo encuentro gracioso y me digo que quizás así sea esto, que está bien así, porque ¿cómo podemos sentir que no nos quedamos cortos? ¿Cómo sentir que estamos haciendo lo suficiente? Sólo así dependemos más y más de la Misericordia de Al-Lâh. Mientras más nos damos cuenta de nuestras limitaciones, más dependemos de la Misericordia de Al-Lâh. Y mientras más dependemos de la Misericordia de Al-Lâh, más Misericordia se nos infunde. Todo se vuelve misericordioso y pura misericordia cuanto más dependemos de ello —no sólo por nosotros mismos sino también por los otros— y mientras menos juzgamos.

El Ayuno: el cuarto pilar

El ayuno es el cuarto pilar, el ayuno y la observancia del Ramadán. Se dice que el ayuno en el Ramadán es una muestra de gratitud por la revelación del sagrado Qur’án, por la revelación de vínculo entre el alma y su Señor, por la oportunidad y la invitación a retornar a nuestro Señor, a nuestra fuente, a nuestro ser mismo. Pero nuevamente, Al-Lâh no mira lo que no hacemos, si no somos generosos, si no recitamos Sus Nombres sagrados… Pero así como la tierra tiene estaciones existen también las estaciones espirituales que son importantes, y el ayuno es una ofrenda muy poderosa, es una poderosa limpieza que llega cada año. Lo acompañan el vaciarse y el arrepentimiento. Cuando estamos comiendo constantemente no vemos. No podemos ver claramente, pero cuando ayunamos es como si unos lentes magnificaran lo que vemos y decimos: “Oh Señor, estoy tan lleno de faltas…”, cualquier cosa que encontremos en ese momento, que acompañe a nuestro ayuno, es de gran ayuda. Sabemos que al final del Ramadán es como si hubiéramos permanecido en un estado de deslave, sentimos como si se nos hubiera sacado brillo por dentro. Esa plenitud, es como la luna llena en nuestro pecho.

Y claro, no sólo se ayuna durante el mes de Ramadán, existe un ayuno constante del derviche así como del creyente —de todas maneras no vamos a hablar más allá del estado del creyente. Por ello ayunamos de aquello que no es apropiado, de aquello que no nos está ayudando, es por ello que decimos que festejamos con la Única Verdad. ¡Qué alegría que existe algo por lo que podemos constantemente festejar mientras ayunamos de cosas que realmente no son tan importantes! No me refiero a que el alimento no es importante, sino al hecho de dejarlo por ocho o diez horas. Ese tiempo no es tan importante. Es un esfuerzo, pero se nos regresa, y podemos festejarlo siempre con los nombres divinos, festejarlo en la luz, la luz divina, festejarlo en el Qur’án, en los jadices, en el amor del Profeta, de los santos, en la contemplación de la Verdad. Están ahí para nosotros todo el tiempo, en una mesa servida, alhámdulil-Lâh, ¡que nuestro apetito por la Verdad se vuelva mucho mayor cada día! Amín.

El Hajj: el quinto pilar

Y ahora llegamos al quinto pilar que es el hajj. Aquí decimos que nuestra vida es realmente un peregrinaje y nos damos cuenta que estamos aquí sólo por un momento, un pestañeo en la noche de la eternidad. Eso es el hajj de nuestras vidas. Y no tomamos nada de aquí excepto este corazón. Este amor. Sólo eso tomamos de esta peregrinación en que nos dirigimos a la mística Kabba en la esencia de nuestros corazones, y luego, regresamos regocijados, descendiendo de Arafat, habiendo conocido a nuestro Señor en esta vida. Pero de todas maneras, estamos invitados a realizar el Hajj una vez en la vida, y nuevamente existen diferentes opiniones acerca de lo crucial que es.  Al-Lâh sabe más, y quizá puede que sea diferente para cada persona, es una experiencia muy poderosa, es como morir. Cuando estás en el hajj es extraordinario, no ocurre en la tierra, no se siente como la tierra que conocemos. Es más bien como la tierra de la Resurrección. Por eso se dice que el hajj es experimentar la Resurrección antes del Día de la Resurrección. Y también esto tiene sus elementos, ¿quién puede saber si el Día de la Resurrección será diferente para todos?

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