¿Quiénes somos?

El Nur‑Ashki‑Yerráhi es quien hace un banquete de cualquier cosa que está a la mano, un banquete de pan, de un vaso de agua; quien hace de una simple choza un palacio, y un Paraíso en todo corazón humano. Ése es el derviche Nur‑Ashki‑Yerráhi, ¡Alhâmdulillâh!
S. Shêija Fáriha Fátima al Yerráhi

bismillah
En el Nombre de Allâh, la Realidad tiernamente Misericordiosa, Infinitamente Compasiva

¿Quiénes son los derviches Nur Ashki al Yerráhi?

sello

Gracias a todos y cada uno de ustedes por hacer el esfuerzo y largo viaje, volando, manejando y caminando, preparándose y renunciando a otras cosas para estar aquí. Que el Amado sea revelado aquí en nuestra reunión, en cada uno de nosotros, y en todos nosotros juntos.
Este es un encuentro pleno de oración, una reunión inspirada y creativa, una reunión jubilosa. Parece que a los Yerráhi no les falta júbilo. No nos cuesta trabajo burbujear y estallar, somos como el vino burbujeante del Paraíso, como las fuentes. Algunas de las fuentes del Paraíso son descritas como burbujeantes. Las burbujas son el Espíritu Santo, nosotros rebosamos con el Espíritu Santo.

Hay tanto gozo en el simple hecho de estar juntos, en vernos por primera vez. Es un sorbo de lo que las almas sentirán al entrar al Paraíso. El Paraíso no tiene fin, tiene muchos, muchos, muchos niveles. Cada nivel penetra más profundamente en la sombra de Allâh, la sombra de Allâh es la intimidad con Allâh. Cada vez que entramos a otro nivel nos regocijamos nuevamente. Si pudiéramos imaginar el Paraíso como un estado de gozo continuo… el constante derramamiento, en el infinito Ser de Allâh, de un estado de bienaventuranza al siguiente fluyendo infinitamente. Parte de nuestra fe es la fe en la eternidad de Allâh, en el amor infinito de Allâh, en el infinito Bismillâh ir Rajmán ir Rajím que es un constante sin fin. Nunca nos saciamos, estamos siempre colmados y plenos, pero jamás saciados. Bebemos sin cesar. Podemos atestiguar y experimentar esto ahora, unos con otros.
Los Nur Ashki Yerráhi… Aljámdulillâh, ¿quiénes son? ¿tienen una identidad? Sólo Allâh sabe quién son los Nur Ashki Yerráhi… Parte de nuestra identidad está en ser no teniendo identidad, siendo sin rostro y sin yo, sin tiempo ni espacio. Más allá de todas las fronteras, más allá de todos los límites de cualquier identidad. Podemos viajar de identidad en identidad, pero nunca nos identificamos con una. Vamos siempre más allá, estamos siempre abrazando, sirviendo. Amamos servir, amamos inclinarnos reverentemente y postrarnos. Allâh ha extendido la Tierra para nosotros como una bellísima alfombra para postrarnos en ella. En la postración vamos más cerca que cerca y aún más cerca que eso. Luego, cuando nos levantamos, listos para servir, llevamos la experiencia de la postración en nosotros. Entonces vemos el rostro del Amado en todas partes.

Los Nur Ashki Yerráhi son los que aman estallar espontáneamente en el canto. Aman crear y crean, porque al renunciar a nuestro yo limitado recibimos la Creatividad Divina. Los Nur Ashki Yerráhi son también aquellos que están en vigilia, que son cuidadosos y humildes, que permanecen despiertos a las necesidades de cualquier otro y de todo ser humano… Nuestra hermana Mukarram llegó tarde esta noche, ella perdió el avión porque se quedó ayudando a un anciano que había sufrido un ataque al corazón en la carretera. Ese era el llamado.

Eso es estar despiertos y concientes, saber dónde Allâh nos está llamando, saber qué hacer y cómo responder. Esto sólo puede suceder así cuando verdaderamente nos libramos lo suficiente de nosotros mismos. Porque si estamos llenos de nosotros mismos, de nuestras propias reflexiones, intereses y problemas, ni siquiera podemos ver a otra persona. Así nos vaciamos…La copa vacía…el recipiente vacío… El recipiente vacío es aquel que es siempre colmado con agua y néctar frescos y fluyentes, con frutos y pulpa que es tierno y delicioso comer. Esto es lo que nos brindamos unos a otros.
Había un Sheij que cuando sus discípulos le citaban algún texto sufi, solía responderles: “No quiero eso, es viejo. Es sólo algo que sacaron de un libro. Tráiganme del océano de sus corazones la pulpa que es fresca y tierna.” Esto son los Nur Ashki Yerráhi, los que confían y abren sus corazones, los que saben que todo está dentro del corazón humano, y todo libro a la vista ha venido del corazón humano por inspiración divina, por el divino cálamo.

Ahí es donde buscamos nuestro conocimiento. Justo aquí. Lo buscamos en el tasbi, la concentración, la meditación, a través de la oración, en el salat. Los Nur Ashki Yerráhi son los que aman el salat porque el Profeta Mohámmad —la Paz sea con él— amaba el salat. Él amó el salat porque Allâh ama el salat. Allâh ama intensamente el salat de la humanidad porque es un bellísimo camino hacia la Fuente. Es una gran bendición para nosotros. Se ofrece en completa libertad y como un acto de amor, no como una obligación; pues tan pronto comenzamos a verlo como una obligación o necesidad, como algo que “tenemos que hacer”, pierde mucho de su júbilo.

Los Nur Ashki Yerráhi son quienes hacen todo por amor, con amor, sabiendo que todo es amor y que todo ha sido creado por amor por el Amor mismo. Allâh es Amor. El amor es un infinito arco iris de expresiones. Hay muchos, muchos, colores de amor. Nosotros deseamos probar de todos ellos. Los Nur Ashki Yerráhi son aquellos que esperan, son pacientes, son los pacientes. Porque sabemos que Allâh sabe, y Allâh está con nosotros, no tenemos que sentir que nos estamos perdiendo de algo. Dondequiera que estemos estamos con Allâh, entonces ¿qué puede faltarnos? Estamos siempre con el Amado, siempre esperando al Amado, esperando también que se manifieste nuevamente. Somos los que esperan. El Profeta Mohámmad —la Paz sea con él—, dice que él está esperando, así es que nosotros esperamos con el Profeta.

“El otro” es el Nur Ashki Yerráhi. Una de las definiciones del Sheij Nur para el derviche es: el otro. Encontramos nuestro gozo cuando los demás encuentran gozo. No buscamos nuestra propia felicidad, porque eso sólo lleva a la infelicidad. Buscando la felicidad para los otros, entonces recibimos felicidad. Los Nur Ashki Yerráhi son aquellos que oran por toda la humanidad y por todas las criaturas. Quienes traen bendiciones a las criaturas, quienes traen bendiciones a la tierra cuando la recorren, los que concientemente dan cada paso sobre la tierra con delicadeza y júbilo. Dondequiera que pisa el derviche, donde pisé un amante de Allâh, la Tierra responde, se regocija y da a luz más frutos, mayor belleza. Cada vez que un derviche tiende su mano, Allâh se regocija, porque Él está esperando en la persona hacia la que nos brindamos. Allâh dice: “Yo estoy con quien está enfermo, y cuando tú visitas a los enfermos, tú Me visitas. Yo estoy con el que está sediento, y cuando ofreces de beber al sediento, me lo ofreces a Mí.”…¡Alhâmdulillâh!… Allâh, que está por encima de todos los Mundos, Quien es el Trascendente más allá de toda necesidad, es también el Uno que está esperando que alimentemos a los que tienen hambre y sed.

El derviche Nur Ashki Yerráhi es pura belleza, belleza radiante. El Nur Ashki Yerráhi es pura luz, luz dentro de la Luz. El Nur Ashki Yerráhi es el siervo del Siervo, el amado del Amado; es uno que está bajo el manto del Profeta Mohámmad —la Paz sea con él— que es la oscuridad mística, la bella negrura, la radiante negrura. El Nur Ashki Yerráhi es el que está comiendo de los frutos del Jardín del Paraíso antes del Paraíso, el que está muriendo antes de morir y resucitando antes de resucitar. El derviche Nur Ashki Yerráhi es el que entra a través de las puertas del Paraíso, por las puertas de la salvación, con toda la humanidad e incluso espera la entrada de los demás seres humanos. Al-Fátijha!

El o la Nur Ashki Yerráhi es quien hace un banquete de cualquier cosa que está a la mano, un banquete de pan, de un vaso de agua; quien hace de una simple choza un palacio, y un Paraíso en todo corazón humano. Ése es el derviche Nur Ashki Yerráhi, ¡Alhāmdulillâh!

Nos unimos a todos los bellos linajes, con todos las bellas sendas de regreso. Reconocemos al Amado dondequiera que nos tornamos y reconocemos la Verdad siempre que la escuchamos. ¡Alhāmdulillâh, mashAllâh! Somos todo y nada (se ríe), somos el derviche de Nur, del Efendi, de Jazreti Pir, y así a través de toda la gran silsila, del inmenso río que va hacia el corazón del Profeta Mohámmad —salalajhu aleijhi wa salam—, que se remonta dentro del infinito corazón de Bismillâh ir‑Rajmān ir‑Rajīm; y, desde allí hacia la Esencia Mística.

Esta es nuestra silsila. Estamos siempre enraizados en lo desconocido. Nunca pretendemos que sabemos; sabemos que Allâh sabe. En nuestro desconocimiento, sabemos. Allâh nos permite saber algo, Allâh dice: “Algo sabes”, Alhāmdulillâh. Siempre empezamos otra vez. Siempre sentimos que estamos en el principio del camino. Por más tiempo que hayamos sido un derviche, por más duro que hayamos luchado, por más sueños místicos, revelaciones, o lo mucho que hayamos recibido, siempre sentimos que estamos al principio del camino. El camino es infinito y se vuelve un camino sin senda. El camino de la tariqa es un camino delimitado, con ciertos pasos y formas. Cuando la tariqa desemboca en el océano del jháqiqa, en la luz infinita de la jháqiqa, de Jaqq, en adelante el camino se convierte en un camino sin senda. Y, de allí en adelante, cualquier cosa que Allâh nos mande eso es nuestro camino, es nuestro momento. Es un viaje sin fin, somos viajeros desde la eternidad hacia la eternidad, Alhāmdulillâh. Viajamos con compañeros y eso es una gran bendición. Nadie quiere estar solo, no fuimos creados para estar solos. Fuimos creados para estar juntos en bellas parejas místicas, en hermoso compañerismo, para estar juntos en el compañerismo derviche con hermanas y hermanos, y en el compañerismo de la familia humana completa. Insh’Allâh lo atestiguaremos.

El dhikr es eso, una reunión, ir a umra lo es también. Quienes hemos realizado la Peregrinación (el Hajj), hemos tenido un sorbo del gran ascenso de toda la humanidad, de todas las almas en unión levantándose juntas y alabando, unidas como un sólo ser a la Fuente. Asombrosa, asombrosa experiencia. Cada ser es ambos, es el Ser completo y también una parte del Todo; tenemos ambas experiencias. Experimentamos ser una parte, y entonces, podemos sentir separación, añoranza, y a través de la añoranza Allâh nos lleva a la unión. La añoranza es verdaderamente el camino hacia la unión; añorando y amando es como llegamos a la unión. Luego, desaparecemos en la unión y perdemos cualquier sentido de separación, y nos volvemos completos. Después regresamos al estado de individuos. Es una constante fusión y separación. Allâh ha prometido que en el Paraíso no hay temor, no hay pesar. Esas, se puede decir, son las dos grandes cargas dentro del corazón humano. Temor y pesar; pesar por la separación, la partida o algo que echamos de menos. ¿qué es lo que nos apesadumbra? Cosas como estas nos causa sufrimiento cuando sentimos la separación del Amado, y temor, temor de estar separados, temor de estar solos, temor de errar. El Paraíso es pura unión en todo momento. No hay ni el más leve toque ni sorbo de separación, cualquier cosa que experimentamos, lo experimentamos en unión.

Nos esforzamos como derviches, aquí, en este mundo llamado el Reino del Trabajo. Mientras estamos vivos en este cuerpo, estamos esforzándonos. Eso es lo más grande: estar luchando y trabajando. Ni siquiera añoramos perdernos en el arrobamiento, los maestros dicen que eso es perder el precioso tiempo, que tenemos que ir más allá, internarnos en la Realidad a través del cuerpo y el alma que en este Reino están juntos. Este es el Reino del Trabajo y el esfuerzo, el servicio, la paciencia y la sumisión. Sumisión… lo más bello. Abrirse enteramente y entregarlo todo por completo a Allâh.
Aunque llevemos el Paraíso en el corazón, nunca estamos de lleno en ese estado hasta que Allâh nos transporte al próximo mundo. Y nosotros ni siquiera lo sabemos. Esperamos que sí, y ya lo saboreamos. Pero incluso un ser tan grande como Jazreti Rabbía al‑Adawiía, cuando le preguntaron si estaba destinada al Paraíso, contestó con sinceridad: “No lo sé”. Ella sólo estaba con su Señor en todo momento, no hacía especulaciones.

Que podamos ser ellos, que seamos de los que van más allá del Paraíso, de los que prueban el Paraíso en Este Mundo y van aún más allá. Ella trajo agua para apagar las llamas del Infierno y fuego para incendiar el Paraíso; ella quería vivir sólo como una amante. Ese es el Paraíso al que llegamos como amantes. Ese Paraíso es estar juntos con el Amado. Dondequiera que el Amado nos lleve, donde sea que el Amado quiera que estemos, ese es nuestro Paraíso, simplemente esa conciencia y la conciencia del servicio.

Hay una historia bellísima de un derviche que era un muy buen derviche, pero su Sheij recibió un mensaje de Allâh que decía: “Dile a este siervo Mío que está destinado al Fuego.” Este era un derviche que hacía oración, que ofrecía todo lo que podía a los pobres, y estaba abierto a los viajeros. El Sheij estaba muy consternado, pero fue a comunicarle a su derviche: “Allâh me dio un mensaje para que te transmita, que tú, Su siervo, estás destinado al Fuego.” En cuanto escuchó estas palabras, el derviche dio un salto y exclamó: “¿Me ha llamado Su siervo?” y lleno de júbilo se puso a hacer postraciones. Por supuesto él no fue tocado por el Fuego. Sólo fue una prueba santa para ver dónde se hallaba, y para revelar esa naturaleza de Amor.

La mayor parte de lo que tememos es una prueba. La mejor manera de pasar una prueba es decir “Alhāmdulillâh”. Tan pronto como seamos probados y nosotros podamos reconocer que nos llega decimos: Alhāmdulillâh, gracias Allâh, Alhāmdulillâh, Alhāmdulillâh. Van a ver qué rápido pasará la prueba, la dificultad, si nos volvemos inmediatamente hacia Allâh y le damos gracias. Alhāmdulillâh.

Shêija Fáriha Fátima al Yerráhi
Junio, 1999; Nashville, EEUU

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