Tasawwuf

bismillah
En el Nombre de Allâh, la Realidad tiernamente Misericordiosa, Infinitamente Compasiva
¿Qué es el Sufismo?  “Abandonar todo reclamo, limpiarse uno mismo y contemplar la verdadera realidad de las cosas tal como es”.

Mis queridos compañeros viajeros en el camino de la Verdad:

Como todos saben, el Sufismo no es teoría. No es un conocimiento que se pueda transmitir y aprender sólo a través de las palabras. Es un modo de vida que únicamente se puede aprender con la acción. Esta sabiduría se dio a unos muy pocos elegidos entre el pueblo de Mohámmed (saws).  Este conocimiento se llama conocimiento divino, transmitido por Allâh, Lo Altísimo.

Los sueños son un medio a través del cual se transmite este conocimiento; ellos son comunicados desde el reino divino a quien está esperando recibirlos. Son una porción pequeña de la revelación divina que fue enviada a los Mensajeros de Allâh. Nuestro Maestro, el Sultán de todos los Mensajeros, la Luz de este mundo y del futuro, ha dicho: “La profecía terminará cuando yo termine; no obstante, vendrán mensajes a través de los sueños del puro hasta el fin del tiempo. Allâh, Lo Altísimo, guiará a los siervos dignos a través de sueños puros”.

El significado de la palabra sufí es, que uno ha purificado su corazón, es decir, quien es capaz de limpiar su corazón, traerlo a su estado de pureza original. La aparición de esta manifestación divina es imposible para quien es una parte de un mundo lleno de inmoralidad.
La esencia de todos los caminos místicos anteriores al Islam es la misma que la esencia del Sufismo Islámico. Después del Islam, muchos seres humanos santos, muchos conductores de caminos místicos, muchos maestros que siguieron el camino verdadero, han continuado invitando a los siervos de Allâh a buscar la Verdad, y los han guiado con la fuerza y la luz de su fe desde la tiranía, la duda, la confusión y la inmoralidad hasta la moralidad y la pureza y finalmente a la Verdad.

Esta moral se compone de la satisfacción y el placer del siervo con su Señor, mostrando paciencia, confianza, agradecimiento, compasión, generosidad, etc. El carácter de tales personas se hereda del carácter de nuestro Maestro, el Sultán de todos los profetas, y ciertamente lo guiará a la pureza. Para ser capaz de lograr esta convicción, este deseo y este estado, es imperativo seguir la enseñanza espiritual de los grandes santos del Islam.
La base de este sistema es el Sagrado Corán y la tradición del Profeta Muhámmad (saws). Es posible para todos aprender intelectualmente todas las diferentes ciencias y conocimientos del Islam: teología, legislación islámica, las tradiciones, la interpretación de los versículos del Corán; pero es solamente la fe, el muslim puro, quien puede recibir la sabiduría divina que se llama tasawwuf (sufismo).
¿Qué es tasawwuf? En un sueño, uno de los grandes santos preguntó a la Luz de Ambos Mundos, y él (saws) contestó: “Abandonar todo reclamo, limpiarse uno mismo y contemplar la verdadera realidad de las cosas”.  Lo mismo se le preguntó a Junayd al-Bagdadi, su alma sea santificada, y respondió: “Es borrarse uno mismo, ser uno con la Verdad, y fluir con la Voluntad Divina”. Y dijo: “Es cuando Allâh te hace morir de ti mismo y te revive en Él mismo”.
El sufismo es abandonar los sueños imaginarios e imposibles, los deseos limitados y dejar de ser permisivos y excusarse a sí mismos; sin embargo, aceptar todas las excusas de las faltas de otros. El sufismo es recordar la Verdad, y nunca olvidarla y continuar las oraciones diarias, y la adoración que lo ayudarán a recordar.
El principio del camino es obtener conocimiento, el medio es vivir en él y el final es ser uno con la Verdad. El conocimiento ayuda a levantar los velos del descuido y crea el deseo. La acción le trae a uno eso que uno desea. El estado final es la unificación del ser de uno con Lo Divino.
Los que saben han dividido a los seguidores de este camino en tres niveles. El primero es el buscador, el hijo del momento, cuyo trabajo es estar presente en el ahora. El del medio es el poseedor del estado y el más elevado es quien lo ha obtenido, quien ha llegado a ser uno con su Señor.
Ibrahim Dusuquí, Allâh santifique su alma, uno de los cuatro grandes Polos místicos, dijo: “Si alguna vez alguien les pregunta sobre sufismo, no le contesten, no con esa lengua que es incapaz de decir más que palabras, hasta que la verdad misma se manifieste en Uds. Si alguno de Uds. es totalmente leal a todas las prescripciones de nuestra fe y en sus actos prueba esa fe, solamente entonces se pueden escuchar las palabras fuertes que vengan de sus labios y estas palabras son el fruto dulce de su fe”.

El Sufismo no es aparentar ser un Sufí, en la vestidura, en las maneras del Sufí. Esto, cuanto más, es una señal exterior. El Sufi es el que es refinado en su apariencia y en sus atributos; alguien que es amable, bondadoso, interesado en los demás, considerado en su carácter, y alguien que día a día es mejor y mejor, más elevado y más elevado. Cuando un sufí ha logrado la realidad del Sufismo, él logra el nivel de extrema belleza y refinamiento. Es como si su interior, que está cerca de Allâh Lo Altísimo, se ha expelido. El aparece del modo que es; él ha pasado a otro reino. Para él no hay separación.

El sheij Dawúd al-Kabir, su alma sea santificada, dijo: “Quien encaja el Sufismo en palabras, no es un Sufi; ni lo es el que busca señales del Sufismo en la apariencia de la gente. El Sufí es quien incluso ha dejado el Sufismo atrás”.
Este camino no se sigue en paz. Es una batalla continua. Nuestro Maestro, la Luz de Ambos Mundos, dijo a sus compañeros después de una gran batalla: “Ahora nosotros empezamos la batalla más grande”; le preguntaron: “¿Qué es la batalla más grande?, él dijo: “Es la batalla interna, con sus propios egos”.
Que nuestro Señor no nos separe de la luz de Mustafá.

Un día el Mensajero, la paz sea con él, estaba dando consejo a sus compañeros. Mientras estaban escuchando sus dulces palabras, algunos de ellos lloraban por temor a Allâh y otros por amor a Él. Usáma, que Allâh esté complacido con él, era el único que no lloraba. Entonces se lamentaba de su estado con el Mensajero de Allâh, que Allâh le bendiga y le conceda paz, quien puso sus sagradas manos en el pecho de Usáma, que Allâh esté complacido con él, diciendo: “Ukhruj ¡Iá! iblís” (fuera, ¡Oh! shaytan). Ahora el compañero empezó a llorar y el Mensajero, la paz sea con él, se volvió hacia sus compañeros diciendo:

“La imposibilidad de llorar está causada por dureza del corazón, la dureza de corazón está causada por la multiplicidad de transgresiones, la multiplicidad de transgresiones está causada por el olvido de la muerte, el olvido de la muerte está causado por la expectativa ambiciosa y la expectativa ambiciosa está causada por el amor excesivo a la vida de este mundo.”

La religión del Islam y el Noble Qu’ran son críticos de este mundo. ¿Qué es este mundo? No es riqueza, propiedad, status, dinero, rango, vestimenta y niños.
Cualquier cosa que te aleja de tu Señor, eso es “este mundo”.  Por ejemplo una persona que posee todo lo que tiene que ofrecer este mundo, sin embargo no olvida a su Señor y le sirve en perfecta devoción, no es una persona materialista y mundana sino un amado siervo de Allâh, un miembro de la comunidad de nuestro Profeta (SAWS).  Una persona pobre, por otro lado, se puede llamar materialista si siendo mendigo, el acto de mendigar lo priva de la oración a su Creador. Él no es aceptable a los ojos de Dios y Su Mensajero.  En resumen, mientras tus manos están sobre tu trabajo, tu corazón debe estar con el Amado. Deja al mundo entero pertenecerte mientras que tú perteneces a Allâh.

Debes trabajar para este mundo como si fueras inmortal mientras que te preparas para el otro mundo como si fueras a morir mañana mismo.
Trata a todos bien. Ten compasión por cualquier criatura. Sé justo, leal, honesto, honrado y trabaja duro. Así debes ser tú, porque así son los concientes de Dios. Ellos satisfacen a su Señor, Sus Mensajeros y sus compañeros humanos. Un creyente es una persona que cree en Dios, los Profetas, los libros sagrados, los ángeles, la Resurrección, que el destino –bien y mal- viene sólo de Dios y que después de la muerte nos devolverán otra vez a la vida para pedirnos cuentas ante Él sobre nuestra vida en este mundo. Nuestro Profeta, la paz sea con él, nos ha contado que un musulmán es aquel que no daña a nadie a través de su mano ni de su lengua.

Si no eres capaz de actuar bien, por lo menos intenta no hacer daño.
Si te acoges a estas creencias, las guardas en tu corazón y las afirmas con tus acciones entonces eres un creyente perfecto.

Sheij Séfer Muhibbi Efendi al Yerráhi al Halveti, r. a.

El Sufismo (tasawwuf)

El Sufismo no es diferente del misticismo de todas las religiones. El misticismo viene de Adán (que la paz de Al-láh sea con él) y ha adoptado diferentes formas a lo largo de los siglos: por ejemplo, el misticismo de Jesús (que la paz de Al-láh sea con él), de los monjes ermitaños, y el de Muhámmad (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él). Un río pasa por muchos países y cada uno lo reivindica para sí. Pero sólo hay un río.

La Verdad no cambia: la gente cambia. La gente pretende poseer la Verdad y guardársela para sí, manteniéndola fuera del alcance de los otros. Pero no se puede poseer la Verdad.

El camino del Sufismo es la eliminación de cualquier intermediario entre el individuo y Dios. La meta es actuar como una extensión de Dios, no como una barrera.

Ser un derviche es servir y ayudar a otros, no solamente sentarse y rezar. Ser un verdadero derviche es levantar a aquellos que han caído, enjugar las lágrimas de los que sufren y confortar a los huérfanos y a los que están solos.
Gente diferente tiene capacidades diferentes. Unos pueden ayudar con sus manos, otros con su lengua, otros con sus oraciones y otros con sus riquezas. Puedes llegar allí por ti mismo, pero éste es el camino más difícil.
Nuestras metas personales conducen todas al mismo fin: sólo hay una Verdad. Pero, ¿por qué negar los miles de años de experiencia atesorados por las tradiciones sagradas? Estos ofrecen un caudal de verdadera sabiduría destilada por tantos años de búsqueda, prueba y error.

Tener sólo media religión es una gravísima equivocación que te mantendrá alejado de la verdadera fe. Visitar a alguien que es solamente medio médico es terriblemente peligroso. Un medio gobernante es un tirano.

Muchos se debaten en el laberinto de la religión y las diferencias religiosas. Son como perros peleándose por un hueso, buscando sus propios intereses egoístas. La solución es recordar que hay sólo un Creador, una Conciencia, una Luz que nos sostiene a todos. Cuanto más recordemos al Uno, menos lucharemos entre nosotros.

Un sheij sufí es como un médico, y un estudiante cuyo corazón está enfermo. El estudiante acude al sheij para curarse. Un verdadero sheij (o sheija) prescribirá una dieta y una medicación determinadas para curar las enfermedades de cada persona. Si los estudiantes siguen las prescripciones de su sheij se curarán. Si no, pueden destruirse a sí mismos. Los pacientes que emplean de forma errónea las recetas de su médico están llamando a su propia ruina.

En un nivel más elevado, la relación entre una sheija y sus estudiantes es como la de un racimo de uvas y la rama de la que ésta pende. El sheij conecta las uvas al árbol, a la savia y a la fuente de la savia.

Es extremadamente importante entender bien esta conexión. Es como la que hay entre una bombilla y la corriente eléctrica. La energía es la misma. Algunos sheijs tienen 20 voltios y otros 100, pero todos transmiten la misma electricidad.

Los ojos son las ventanas del alma. Mirando a los estudiantes el maestro los conecta. Puede haber una gran fuerza en la mirada de un sheij.

La primera etapa es tener fe. Incluso el profeta Abraham preguntó a Dios: “¿Cómo puedes devolver la vida a los muertos?”. Dios respondió: “Abraham, ¿no tienes fe en Mí? ¿Dudas de Mí?”. Abraham respondió: “Sí, tengo fe y Tú sabes lo que hay en mi corazón. Pero sólo quería ver con mis propios ojos”.

Hay cuatro caminos hacia la fe. El primero es el camino del conocimiento. Alguien viene a ti y te habla de algo que nunca has visto. Por ejemplo, mucha gente me había hablado de este país, pero yo nunca lo había contemplado. Finalmente, tomé un avión y pude verlo con mis propios ojos desde el aire. Entonces mi fe se hizo más fuerte. Ahora que estoy aquí mi fe es aún más fuerte. El último nivel sería llegar a ser parte de este país.

Los cuatro caminos hacia la fe son:
Conocimiento de algo.
Visión de algo.
Estar en algo.
Volverte algo.

Es bueno tener dudas, pero uno no debería permanecer en la duda. La duda debería llevarte a la Verdad. No te quedes en las preguntas. La mente también te puede engañar. El conocimiento y la ciencia pueden engañarte. Existe un estado, que es parte del destino de algunas personas, en el que los ojos que ven dejan de ver, los oídos que oyen dejan de oír, y la mente que imagina y considera deja de imaginar y considerar.

El pueblo del profeta Abraham estaba formado por adoradores de ídolos. Pero él buscaba a Dios. Un día, contemplando la estrella más brillante del firmamento, dijo: “Tú eres mi Señor”. Entonces salió la luna y volvió a decir: “Tú eres mi Señor”. Entonces salió el sol, y la luna y las estrellas desaparecieron. Abraham dijo: “Tú eres más grande; Tú eres mi Señor”. Pero con la llegada de la noche el sol también desapareció y Abraham dijo: “Mi Señor es Aquel que hace aparecer y desaparecer las cosas generando todas las transformaciones. Mi Señor es Aquel que está detrás de todo cambio”.

Por medio de este proceso, paso a paso, se ve cómo el profeta Abraham pasó de la adoración de los ídolos a la verdadera adoración de la Realidad Divina, salvando así a su gente de la falsedad. Ciertamente se puede llegar a la Unicidad a través de la multiplicidad [y esto es iluminación].

El nafs –el yo limitado o ego- se halla siempre en batalla con el alma. Esta batalla continuará durante toda la vida. La cuestión es ¿quién educará a quién? ¿Quién dominará a quién? Si el alma llega a ser el amo, te volverás un derviche, alguien que abraza la Verdad. Mas si es el “yo inferior” es quien domina al alma serás uno de los que niegan la Verdad.

Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche harapiento. El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.
El derviche contestó: “Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes – dinero, poder, posición social -. Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí. Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?
La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera. “¿Qué quieres decir?”, gritó.
“Mis dos esclavos que son tus maestros son la ira y la codicia”, dijo el derviche tranquilamente, mirando al sultán fijamente a los ojos. Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó ante el derviche.

Dios ha dicho: “Yo, al que todos los mundos son incapaces de abarcar, puedo caber en el corazón de un creyente”. Realmente Dios no cabe en el corazón humano. Dios no puede ser limitado a ningún lugar. Pero las expresiones de Dios caben en los corazones de los seres humanos. No “somos” parte de Dios porque Dios es indivisible. La humanidad es Su creación. Dios se expresa en nuestros corazones haciéndonos sus regentes, sus representantes, su reflejo visible. Y así, la Misericordia de Al-láh es expresada a través de los pensamientos y acciones de una persona, la Compasión de Dios a través de otra, la Generosidad de Al-láh a través de otra.

Está la esencia de Dios y están sus atributos. La esencia es incomprensible para nosotros. Podemos empezar por entender Sus atributos, sus energías divinas. De hecho, parte de la educación sufí es comprender esos atributos dentro de uno mismo.
Al-láh ha dicho: “Mis siervos me encontrarán en la forma en que me vean”. Esto no quiere decir que cuando piensas en Dios como un árbol o una montaña Dios será ese árbol o esa montaña. Pero si piensas en Dios como misericordioso o lleno de amor, o como colérico y vengativo, así es como Le encontrarás.

En el Sufismo es lícito hablar de todos los atributos de Al-láh, La Realidad Divina. Finalmente, el sufí llega al estado de sumisión y entonces deja de hacer preguntas.

Hay electricidad en todas las partes, pero si solamente tienes tres bombillas, todo lo que verás son esas tres bombillas. Tienes que ser consciente de ti mismo. Este es el principio y la vía. Solamente a través del conocimiento de ti mismo, entenderás ciertos atributos. La conexión con los atributos se logra a través del conocimiento de uno mismo. Exteriormente no encontrarás nada.

Toda la creación es la manifestación de la Realidad Divina. Pero, al igual que ciertas partes de la tierra reciben más luz que otras, a algunas personas les es dada más luz. Los profetas han recibido el máximo de luz Divina. Además de la cantidad, está la calidad. Está la cuestión de qué atributos divinos se manifiestan. Ciertas personas son manifestaciones de diferentes atributos Divinos. Los profetas manifiestan todos los atributos Divinos. La luna refleja la luz del sol. El sol es la verdad. La luna es cada uno de todos los profetas.

Sheij Muzaffer Efendi al Yerráhi

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